9/11: Seguridad, protección y oración

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NOTA DEL EDITOR: Ronnie Floyd es presidente y director ejecutivo del Comité Ejecutivo de la Convención Bautista del Sur.

NASHVILLE (BP) -- Estados Unidos de América no ha sido el mismo desde el 11 de septiembre de 2001, cuando terroristas atacaron nuestra nación, con un resultado de cerca de 3,000 muertes, 400 de las cuales fueron de los servicios de emergencias. Una generación ha nacido desde este horrible día en nuestra historia, y nunca debemos olvidar cómo ese día cambió los Estados Unidos de América en nuestra generación.

Desde este día, parece que enemigos dentro de nuestra nación y enemigos fuera de nuestra nación han amenazado continuamente la seguridad y la protección de los Estados Unidos. Escuelas, iglesias, aeropuertos, negocios, edificios gubernamentales, parques, arenas de conciertos y nuestros lugares públicos son ahora presa abierta de los ataques de nuestros enemigos sobre estadounidenses inocentes.

Aunque se han tomado medidas de seguridad y estas están siendo modificadas continuamente para asegurar nuestra nación, solamente esto es lo que las autoridades pueden hacer para protegernos. Necesitamos que el Señor nos dé seguridad y nos proteja.

Incluso el rey David cuando estaba siendo atacado por sus enemigos, clamó a Dios: "Más tú, oh Señor, eres un escudo en derredor mío" (Salmos 3:33).

Con todos sus grandes ejércitos y su arsenal, el rey David sabía que Dios podía hacer más por él de lo que sus poderosas fuerzas podían hacer por ellas mismas.

La gente de los Estados Unidos de América, especialmente los niños en nuestras escuelas, necesitan la defensa y la cobertura de Dios. Cada uno de nosotros somos vulnerables, y necesitamos la intervención de Dios ahora para que nos dé seguridad y nos proteja.

Y la respuesta para nuestra seguridad y nuestra protección solamente viene a través de la oración.

¡Orar por los Estados Unidos de América debería ser nuestra primera elección en esta batalla -- no nuestra última elección!

Dios es nuestra esperanza; nuestra última, grande y única esperanza. Por lo tanto, necesitamos orar creyendo esto con todo nuestro ser.

Nuestra protección y nuestra seguridad no están en las manos del gobierno de los Estados Unidos; están en las manos de nuestro Soberano Dios. ¡Sí, nuestras vidas están en sus manos!

Es por eso que yo creo que nuestra gran esperanza reposa solamente en Cristo Jesús, en su Evangelio y en el avance del mensaje de estas Buenas Nuevas alcanzando cada rincón de los Estados Unidos de América y a lo largo de este mundo.

Así que, en este día de conmemoración, mientras clamamos a Dios por seguridad y protección, necesitamos simultáneamente orar extraordinariamente por el próximo gran despertar espiritual en los Estados Unidos. Yo creo que esta es nuestra mayor esperanza para el futuro de los Estados Unidos de América y para la iglesia.


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